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“El parasimpático”: el nou poemari d’Edgardo Dobry

El parasimpático es el sistema nervioso que regula las actividades del cuerpo en reposo, estimulando la quietud, la relajación y la recolección en lugar de gastar energía. También es el nuevo poemario de Edgardo Dobry: un viaje a través de lugares y acontecimientos alejados en el espacio y el tiempo, redescubriendo sus afinidades secretas.

El dedo de Colón al final de las Ramblas señala hacia la tumba de su madre en Rosario, Argentina. Las cotorras, que también han cruzado el océano, interrumpen el diálogo del poeta con sus difuntos:

“¿Por qué llorás?” / “¿No ves que estoy
pelando remolachas?” / “Pero es la cebolla
lo que hace llorar, mami” / “Ah, cuando
estás muerta también te hace
llorar la remolacha”.

 

Los ciruelos de Williams y las cerezas de Saer

El parasimpático pertenece al Paraná y a las aguas eternas que recorren el Hades. También al Pont Neuf sobre el Sena y a la tramontana en Cadaqués, que convierte las casas en ocarinas sopladas por el viento.

En “Caso y categoría” Dobry confunde las ciruelas hurtadas de William Carlos Williams con cerezas. Tal vez no se trata de un lapsus sino de un error buscado: los carozos rojos remiten al inicio de Las nubes de Juan José Saer, donde un escritor empieza una novela mientras come cerezas recién sacadas de la nevera.

En estos poemas coexisten imaginarios y tradiciones literarias, estímulos que confluyen como afluentes de un río más grande: Juan L. Ortiz se da la mano con John Ashbery mientras Gabriel Ferrater los observa. O dicho de otro modo por Raúl Zurita:

“Lo único que existe es la simultaneidad de todas las escrituras, el momento en que escribes es exactamente el momento en que está escribiendo Homero, Shakespeare, el poeta Carrera, mi contemporáneo Roberto Bolaño, Idea Vilariño, Edgardo Dobry, todos”.

 

El humor de los que van a la silla eléctrica

Dobry pasa de lo cotidiano a lo simbolista y capta momentos, detalles y voces que son como epifanías.

Su juego lingüístico crea un efecto irónico: en El parasimpático se encuentra el consuelo del arte —y es un consuelo divertido. Dobry es de los que consideran el sentido del humor como un color imprescindible en el espectro de los versos.

“Él se distrajo recordando el día en que
su hijo recomendó un japo que había
conocido antes con su madre y, por parecer experto,
el Frío se puso entre las muelas la bola entera de wasabi.
Escorpiones y escolopendras salieron por su boca
como al rey Minos de Creta le fluyeron más abajo
—fue cuando su amante Procris inventó el preservativo”.

 

 

Biografia

Edgardo Dobry es autor de los libros de poemas Cinética (Buenos Aires, Tierra Firme, 1999; Madrid, Dilema, 2004), El lago de los botes (Barcelona, Lumen, 2005), Cosas (Barcelona, Lumen, 2008), Pizza Margarita (México, Mangos de Hacha, 2010) y Contratiempo (Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2013; beneficiado con la beca Guggenheim).

También publicó Orfeo en el quiosco de diarios; ensayos sobre poesía (Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2007), Una profecía del pasado: Lugones y la invención del “linaje de Hércules” (Buenos Aires, FCE, 2010) e Historia universal de Don Juan; creación y vigencia de un mito moderno (Barcelona, Arpa, 2017).

Ha traducido a Pierre de Ronsard, Sandro Penna, William Carlos Williams y John Ashbery, entre otros.

Es profesor de la Universidad de Barcelona y del máster en creación literaria de la BSM.